viernes 6 de noviembre de 2009

La verdad

viernes 6 de noviembre de 2009 1

"La verdad es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto, debe ser tratada con gran cuidado." - Albus Dumbledore.

No creo que importe que cite a un personaje ficticio para hacer valer mi punto. Y de verdades quiero hablar.
De una sola.
La verdad sea dicha, no he pensado mucho en ello últimamente. Tan poco que es como una piedra bajo un río, que se limpia con el paso del agua, que se deshace si se la deja mucho tiempo ahí. Y si voy río abajo hay una cascada, que se precipita sin perdón sobre las piedras, entre espuma y brisa húmeda, burbujas y el sonido atronador de un golpe fuerte e inacabable. De agua. De vida.
Me pregunto si...
Me pregunto qué pasa cuando dejas de hacer algo, y luego lo quieres recuperar. Sé que los pingüinos perdieron sus alas cuando dejaron de volar, pero eso tras años de atrofia, y por, además, usarlas para nadar. Entonces no las perdieron completamente, pero ya no pueden volar.
No tengo ninguna duda sobre...
Sé que no ha sido demasiado tiempo nadando en vez de volar, lo sé; todavía no pierdo las alas. Pero me pregunto, de nuevo, cuánto me costará hacer algo que me he propuesto hacer, despegar de nuevo.
Me gustaría preguntarle a alguien que supiera contestarme con la verdad.

martes 3 de noviembre de 2009

Fantasías Animadas de Ayer y Hoy

martes 3 de noviembre de 2009 3

Primero que el presente, vino el pasado, y ayer fue un día definitivamente raro... tirando a malo.
Cosa desafortunada del principio: Un malestar acarreado, concentrado, repartido, repercutido, constante, siempre presente, nunca olvidable, ineludible. Agravado, aumentado; como un puñado de arena a mi saco de granitos. Y para colmo, el termo de comida se abrió DE NUEVO en mi mochila, pero esta vez la sopa se repartió por todos lados y dejó todo pasado a vinagre. Perdí mi almuerzo, mi pañuelo favorito quedó pasado a vinagre pútrido y también mi mochila. Ergo, también me quedé con la mochila reducida a calidad de cacho... cacho hediondo, más encima.
Colapsé, me quebré, rompí la represa. Me dio pena, me dio rabia, me desahucié e intenté animar. Finalmente volví al estado de nada, tendiendo a la angustia por situaciones al azar. Me angustiaba de manera absurdamente brutal el pensar siquiera en la peguita que supondría llevar la mochila (hedionda) en una bolsa, más las cosas que quedaron hediondas, más los cuadernos (por suerte se salvaron) y eso en una micro.
Y más encima los que suelen irse conmigo en la micro o se bajaron antes o se quedaron en el colegio. Bonito, muuuy bonito.
Llegué adolorida a la casa, tiré la bolsa con la mochila al piso de la cocina y me comí un trozo de tartaleta de frutas. Necesitaba algo realmente bueno, incuestionablemente placentero, aunque fuese comida (ansiosa, ¿y qué?). Aparte, tenía hambre, porque había almorzado mi postre, que era pura (y poca) fruta.
Y mientras echaba Vanish, detergente y cuánta güifa Dios creó en la lavadora junto a mis cosas vinagre todo era malo, amargo, oscuro y negativo. Añoraba horriblemente el relajo y la despreocupación, y no entendía cómo me sentía, ¿triste? ¿tranquila? ¿enojada? ¿insatisfecha? ¿patética por tener tribulaciones tan vacías? ¿todas las anteriores?... Me voy por la última, aunque no lo sepa bien.
Y las cosas comenzaron a ir mejor...
Llegó mi mamá a la casa con una bolsa de Fallabella que contenía dos cajas envueltas en papel de regalo (a todo esto la había llamado casi llorando desde el colegio, en pleno breakdown), me dijo, mientras abría un termo nuevo y una nueva cajita hermética para fruta (porque la anterior la tiene el Felipe y todavía no me la devuelve ¬¬), que le había dado tanta pena que se me volviera a avinagrar todo que había partido rauda hacia la tienda y pedido el mejor termo que tuvieran.
El termo en cuestión trae una cucharita desplegable que se adosa a la tapa, intentando sacarla... la desensamblé. Ups, todo mal de nuevo, comenzaron a formarse nubes de tormenta, pero no me rendí y... ¡Listo! La cucharita estaba de vuelta. Estilosísima.


Así, pero cobrizo y no negrito.

Esta mañana, mientras me peinaba apurada para salir, pensé "hoy tendré tanta suerte como éxito tenga en esto (peinarme"). En el transporte escolar un niño, que me cae mal por ser un mal ejemplo de la inocencia de la niñez, me regaló de la nada un masticable que le sobraba de Halloween. "Oh, gracias", fue mi respuesta, y me fui mirándolo, sonriéndome.
Hoy tuvimos prueba, ayer no estudié NADA, de hecho, no la había preparado más que con los recortes que uno le pone al cuaderno y te apuntan unas decimitas extra. Pero la prueba estaba fácil. No preguntaron absolutamente ni una cosa de lo que no sabía, todo era de deducción y aplicación, con poquísimos contenidos de base. Una prueba perfecta para mi (igual, habrá que esperar al resultado).
Durante el almuerzo, una compañera alabó mi cuchara telescópica (mientras la lucía, pero en fin, fue admirada la cuchara más estilosa del mundo), y el termo mantuvo la comida caliente y no se escurrió ni un poquito, aparte, llevaba arroz con hamburguesas (babeo absoluto).
En lenguaje, tenía que hacer una pequeña presentación sobre "El Guardían Entre el Centeno", que, a todo esto, NO había preparado ni por asomo. Y yo que pensaba que era una nota extra, o quizás una de controles (que las tengo pésimas porque nunca trabajo en clases), pero tras unos ocho o diez minutos de cháchara apenas preparada, la misma compañera que había alabado mi cuchara (es seca, y, lo pienso desde antes, es la mejor alumna del curso) me dijo que lo había hecho excelente, la profesora "que muy bien, lo justo y necesario" (mi anterior disertación fue de casi media hora, un asco rotundo), y me dijo que la nota por esta cháchara cortita era un siete acumulativo (controles) o al libro... Yo escogía.
Dios mío, ¡OH MY FUCKING GOD!
Así que ahora debo sólo un trabajo... mejor aún, ¡ya ni siquiera voy atrasada!
El viaje en micro fue agradable (ya todo era bueno para ese momento, compréndanme) y al llegar a mi casa recordé ir a comprar la cartulina para tecnología. Fui, y en la librería pregunté por pilas recargables (hace poco perdí una de mis dos pilas). No me alcanzaba la plata. Me las fiaron, porque siempre voy.
¡Me fiaron pilas!
Y en esa librería siempre me hacen rebajas y cosas así.
No se que falta ahora, que me llame alguien equivocado y resulte ser el amor de mi vida que me andaba buscando o algo así.
¡Vamos, buenas noticias, sigan llegando!

martes 27 de octubre de 2009

Ocurrencias

martes 27 de octubre de 2009 0

Creo que cuando hay peleas o quiebres entre dos facciones, no es cuestión de culpas, menos que sea de una sola; son responsabilidades, y son compartidas, porque todos participan.

Creo que muchas veces quien no arriesga no gana, y teniendo en cuenta que todavía estoy ganando por la última vez que tomé un riesgo, debería ser más aguerrida. Una especie de "Vive el momento" (porque pensar en el "después imaginario" suele destruirme) pero con cierto plan de acción, que podría definirse como Mentalidad Fría o "No es tan terrible, lo que no te mata te fortalece" y volás por el estilo.

Creo que las cosas no son nada por sí mismas, y que todo depende de nuestra percepción.

Creo que todo tiene una excepción, y haciendo paradoja con esta regla, también hay excepciones para ella (es decir, absolutos).

Creo que si fuera más valiente y llevara a cabo los planes locos que a veces me propongo, mi vida sería mucho más entretenida.

Creo que no existe un Dios definido y único como el que presenta la Iglesia Católica, creo que tal y como la "Causa y efecto" de la física, lo que haces se devuelve. Mi sentido existencial entonces es algo más individual, que de pequeños entes se forma lo masivo.

Y creo que esto debería leerse como composición y no como una lista al azar, pero que no soy nadie para andar dirigiendo las lecturas de un internauta.
 
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