Primero que el presente, vino el pasado, y ayer fue un día definitivamente raro... tirando a malo.
Cosa desafortunada del principio: Un malestar acarreado, concentrado, repartido, repercutido, constante, siempre presente, nunca olvidable, ineludible. Agravado, aumentado; como un puñado de arena a mi saco de granitos. Y para colmo, el termo de comida se abrió DE NUEVO en mi mochila, pero esta vez la sopa se repartió por todos lados y dejó todo pasado a vinagre. Perdí mi almuerzo, mi pañuelo favorito quedó pasado a vinagre pútrido y también mi mochila. Ergo, también me quedé con la mochila reducida a calidad de cacho... cacho hediondo, más encima.
Colapsé, me quebré, rompí la represa. Me dio pena, me dio rabia, me desahucié e intenté animar. Finalmente volví al estado de nada, tendiendo a la angustia por situaciones al azar. Me angustiaba de manera absurdamente brutal el pensar siquiera en la peguita que supondría llevar la mochila (hedionda) en una bolsa, más las cosas que quedaron hediondas, más los cuadernos (por suerte se salvaron) y eso en una micro.
Y más encima los que suelen irse conmigo en la micro o se bajaron antes o se quedaron en el colegio. Bonito, muuuy bonito.
Llegué adolorida a la casa, tiré la bolsa con la mochila al piso de la cocina y me comí un trozo de tartaleta de frutas. Necesitaba algo realmente bueno, incuestionablemente placentero, aunque fuese comida (ansiosa, ¿y qué?). Aparte, tenía hambre, porque había almorzado mi postre, que era pura (y poca) fruta.
Y mientras echaba Vanish, detergente y cuánta güifa Dios creó en la lavadora junto a mis cosas vinagre todo era malo, amargo, oscuro y negativo. Añoraba horriblemente el relajo y la despreocupación, y no entendía cómo me sentía, ¿triste? ¿tranquila? ¿enojada? ¿insatisfecha? ¿patética por tener tribulaciones tan vacías? ¿todas las anteriores?... Me voy por la última, aunque no lo sepa bien.
Y las cosas comenzaron a ir mejor...
Llegó mi mamá a la casa con una bolsa de Fallabella que contenía dos cajas envueltas en papel de regalo (a todo esto la había llamado casi llorando desde el colegio, en pleno
breakdown), me dijo, mientras abría un termo nuevo y una nueva cajita hermética para fruta (porque la anterior la tiene el
Felipe y todavía no me la devuelve ¬¬), que le había dado tanta pena que se me volviera a avinagrar todo que había partido rauda hacia la tienda y pedido el mejor termo que tuvieran.
El termo en cuestión trae una cucharita desplegable que se adosa a la tapa, intentando sacarla... la desensamblé. Ups, todo mal de nuevo, comenzaron a formarse nubes de tormenta, pero no me rendí y... ¡Listo! La cucharita estaba de vuelta. Estilosísima.

Así, pero cobrizo y no negrito.
Esta mañana, mientras me peinaba apurada para salir, pensé "hoy tendré tanta suerte como éxito tenga en esto (peinarme"). En el transporte escolar un niño, que me cae mal por ser un mal ejemplo de la inocencia de la niñez, me regaló de la nada un masticable que le sobraba de Halloween. "Oh, gracias", fue mi respuesta, y me fui mirándolo, sonriéndome.
Hoy tuvimos prueba, ayer no estudié NADA, de hecho, no la había preparado más que con los recortes que uno le pone al cuaderno y te apuntan unas decimitas extra. Pero la prueba estaba fácil. No preguntaron absolutamente ni una cosa de lo que no sabía, todo era de deducción y aplicación, con poquísimos contenidos de base. Una prueba perfecta para mi (igual, habrá que esperar al resultado).
Durante el almuerzo, una compañera alabó mi cuchara telescópica (mientras la lucía, pero en fin, fue admirada la cuchara más estilosa del mundo), y el termo mantuvo la comida caliente y no se escurrió ni un poquito, aparte, llevaba arroz con hamburguesas (babeo absoluto).
En lenguaje, tenía que hacer una pequeña presentación sobre "El Guardían Entre el Centeno", que, a todo esto, NO había preparado ni por asomo. Y yo que pensaba que era una nota extra, o quizás una de controles (que las tengo pésimas porque nunca trabajo en clases), pero tras unos ocho o diez minutos de cháchara apenas preparada, la misma compañera que había alabado mi cuchara (es seca, y, lo pienso desde antes, es la mejor alumna del curso) me dijo que lo había hecho excelente, la profesora "que muy bien, lo justo y necesario" (mi anterior disertación fue de casi media hora, un asco rotundo), y me dijo que la nota por esta cháchara cortita era un siete acumulativo (controles) o al libro... Yo escogía.
Dios mío, ¡OH MY FUCKING GOD!
Así que ahora debo sólo un trabajo... mejor aún, ¡ya ni siquiera voy atrasada!
El viaje en micro fue agradable (ya todo era bueno para ese momento, compréndanme) y al llegar a mi casa recordé ir a comprar la cartulina para tecnología. Fui, y en la librería pregunté por pilas recargables (hace poco perdí una de mis dos pilas). No me alcanzaba la plata. Me las fiaron, porque siempre voy.
¡Me fiaron pilas!
Y en esa librería siempre me hacen rebajas y cosas así.
No se que falta ahora, que me llame alguien equivocado y resulte ser el amor de mi vida que me andaba buscando o algo así.
¡Vamos, buenas noticias, sigan llegando!